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Ruby Gamboa: un semestre en la Universidad Javeriana de Bogotá

Durante el segundo semestre de 2012 Ruby Gamboa, alumna de quinto año en la Escuela de Periodismo de la UAH, asistió a clases en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia, gracias a los convenios de intercambio entre las instituciones jesuitas de educación superior alrededor del mundo. Este es el relato de su experiencia.

Ruby Gamboa junto a Pedro Adrián Zuluaga, periodista colombiano, profesor y crítico de cine.

Colombia, ¿por qué Colombia? Esa fue la primera pregunta que hicieron mis padres, mis amigos, mis compañeros de intercambio, mis profesores en la nueva universidad y hasta los taxistas bogotanos. Y la verdad es que aún no tengo una respuesta clara sobre mi opción, pero sí sé que fue acertada.

Realizar un intercambio académico fui mi sueño desde que tenía 13 años. Por cumplirlo me esforcé, sobre todo en la universidad, para tener buenas notas y cumplirlo. Y si bien es cierto no conseguí una beca que apoyara mi desafío, los convenios con los que cuenta la universidad permiten seguir pagando el arancel en Chile y cursar asignaturas en cualquier lugar del mundo. Mi caso: la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Allí no se estudia Periodismo, se estudia Comunicación Social y cada alumno en la mitad de su carrera elige un énfasis. Este puede ser en periodismo como tal, publicidad, audiovisual, editorial entre otros. Como nuestra malla curricular tiene un poco de todo, las asignaturas que cursé allá fueron de distintos énfasis por lo que en cada clase tenía compañeros distintos. Tuve clases con el editor de la revista Shock, con un crítico de cine y hasta con un guionista de novelas. Todas fueron clases muy provechosas y exigentes, hasta en horario, pues allá las clases parten a las 7 de la mañana.

Dicen que el único riesgo que corres yendo a Colombia es que te quieras quedar. Y sí, pasa. Lo vivido y lo aprendido hacen que no quieras terminar la experiencia tan pronto.

Haber elegido la Javeriana será una decisión de la que creo nunca me arrepentiré. Me permitió estar en una universidad muy valorada y con mucho prestigio en la sociedad colombiana. Que tiene excelentes profesores, una gran infraestructura, una tremenda biblioteca y hasta un hospital que funciona justo en el centro de la universidad. También tiene un edificio completo sólo dedicado a la tecnología.

Pero por sobre todo haber elegido la Javeriana me permitió compartir con compañeros que al finalizar cada clase me guiaban hasta la siguiente sala en esa inmensidad de campus que para cruzarlo te podías demorar 15 minutos o más si eras lento. Que me explicaban como usar el Transmilenio o evitar que el taxista me cobrara de más. Que me invitaban a comer a sus casas o que, incluso, me invitaron a pasar vacaciones con sus familias.

Y es que cuando terminaron las clases comenzó el momento de recorrer: Medellín, Santa Marta, Aracataca, Barranquilla, Cartagena y Cali fueron las principales ciudades que visité en Colombia. En esta última fui recibida por la familia de una de mis compañeras de universidad. El resto, tomé mi mochila y partí. Colombia es un país maravilloso, muy lindo en paisajes y en calidad humana. Tuve la oportunidad de recorrer Medellín con el alumbrado de Navidad: toda la ciudad se ilumina y hasta se hacen recorrido para observar la temática.

Realizar un intercambio académico no sólo te permite estar en otra universidad, si no que principalmente te permite crecer y conocer. En mi caso crecer tanto personal como profesionalmente. Pude conocer y generar contactos tanto con personas de Colombia como de otros países. Tener una visión más amplia de cómo se ve a nuestro país desde afuera o cómo es que somos de parecidos con otros países de Latinoamérica.

Vivía en una residencial con otras 40 jóvenes de las cuales unas 15 éramos extranjeras: chilenas, mexicanas, inglesas, jamaicanas, brasileñas, costarricenses… Pero todas éramos familia. Si una se enfermaba había que prepararle remedio, si había un cumpleaños se celebraba, si te quedabas sin leche te prestaban. Dicen que el único riesgo que corres yendo a Colombia es que te quieras quedar. Y sí, pasa. Lo vivido y lo aprendido hacen que no quieras terminar la experiencia tan pronto.

A quienes están recién empezando su vida académica en la universidad, les digo que no deben dejar de realizar un intercambio, al lugar que sea. Sáquense la mugre, postulen a becas, trabajen, junten plata, porque vale la pena. Es una experiencia que no se puede resumir en palabras. No tengan miedo, al contrario: les aseguro que será una experiencia de la que nunca, nunca se arrepentirán.


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